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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Tú.

Sufridor, inerte, invisible,
escondido bajo la nieve de tu estirpe.
Tú, que inventaste el miedo.
Tú, que caminaste entre sollozos pero seguiste hacia delante.
Tú, que te hundiste sin consuelo.
Tú, que no supiste amarte.
Tú, que has dado vueltas sin sentido.
Ahora vuelves a mí creyendo haber resurgido
nunca volverás a cruzar esa puerta,
ni volverás a atormentar a mis sentidos.
Conozco tu cara,
se quién eres,
has olvidado que he crecido,
que apechugué con mi errores aunque me dejaran sin latidos.
Cierro la puerta.
Echo el pestillo.
Estás cercana, pero distante.



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